¿Cada cuánto exfolias la piel de tu cara? Seguro lo haces una o dos veces a la semana, sin falta. ¿Y cada cuánto exfolias la piel de tu cuerpo?
¡Lo sabía! A todas se nos olvida dedicarle más atención a la piel de nuestro cuerpo. A veces nos acordamos cuando empieza a hacer más calor y queremos ponernos ese vestido que tanto nos gusta o porque sabemos que vamos a ir a la playa, pero hay muchas otras razones por las cuales deberías exfoliar tu cuerpo más seguido.
Como ya sabes, la piel se renueva constantemente. Nuestro cuerpo produce células nuevas, pero al mismo tiempo muchas van muriendo. Estas células son las que se van acumulando y hacen que nuestra piel pierda su brillo y se sienta áspera. Cuando exfoliamos, ayudamos al proceso de renovación de la piel. Por eso, inmediatamente la sentimos más suave.
Pero no solo mejorarás su textura. Poco a poco, tu piel se hará más firme, ya que cuando aplicas un exfoliante lo haces como un masaje, que estimula la circulación de la piel, haciendo que esta se oxigene y recupere su firmeza. Y por último, al eliminar la capa de piel muerta, te aseguras de que los productos que aplicas, como cremas o tratamientos, se absorban adecuadamente y tengan un buen efecto.
Una gran duda es saber cada cuánto hacerlo. A veces creemos que si algo es bueno, hacerlo más seguido tendrá más beneficios, pero no es así. Para saber cada cuánto exfoliar tu cuerpo debes conocer bien tu piel. Si sabes que es delicada, lo mejor es que lo hagas una vez a la semana. Si sabes que es más gruesa y resistente, puedes hacerlo hasta dos veces por semana. Lo importante en todos los casos es que siempre apliques una crema hidratante después de exfoliar, para que la piel se mantenga suave y radiante.
Exfoliantes hay muchos, ¡pero tú misma puedes preparar el tuyo en casa! Te comparto una receta súper sencilla que dejará tu piel como nunca la habías sentido. Los ingredientes que necesitarás son:
- 2 tazas de azúcar morena. Si no consigues azúcar morena, puedes usar blanca.
- ½ taza de aceite de oliva
- ¼ de taza de miel. Si puedes usar de la que es completamente natural, será mucho mejor.
Primero mezcla el aceite con el azúcar. Asegúrate de que queden bien integrados. Si conseguiste miel natural es posible que se haya solidificado. Para derretirla, lo mejor es que la calientes en baño María. Ya que la tengas líquida, agrégala a la mezcla de aceite y azúcar. ¡Revuélvelos bien y listo! Si te sobra un poco, lo puedes guardar en un frasco y refrigerarlo. Te va a durar dos semanas. (Ten mucho cuidado de no dejarlo al alcance de los niños).
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